
Pronto, prontito, hubiese tolerado el joven Aznar, -si hubiese sido a la sazón presidente-, la mofa y puesta en cuestión de la salubridad de la horto-agricultura hispana por parte de la consejera del SPD de Hamburgo, de la propia Angela Merkel y de alemanes y comunitarios en general.

"A qué jugáis con los pepinos españoles?", hubiese preguntado. "Donde los metéis antes de echarlos en la ensalada?". Bueno es él!

No hubiera protestado "tarde y mal", como han hecho una vez más Zapatero y sus ministros y ministras, -incluido su sucesor, Rubalcaba- para regocijo del Fedeguico Party, a quienes toda ruina del país les parece poca.


