
Dejemos a Bono y vayamos a cosas más serias y menos peligrosas. La relación cerebro-mente ha sido un tema recurrente para nosotros. Javier de Felipe, neurocientífico español, dice hoy en un artículo en El País: "Quizá, una de las principales contribuciones de la neurociencia actual ha sido abordar el tema de los procesos mentales desde un punto de vista biológico, pero es llamativo el poco arraigo popular e influencia en la sociedad del conocimiento neurocientífico: debido a la poca cavilación sobre la relación entre el cerebro y nuestra humanidad es frecuente encontrarnos con la dificultad de aceptar la naturaleza neural de los procesos mentales, incluso dentro de la comunidad científica". Si es difícil en la comunidad científica, imaginen para los profanos, entre los cuales hay tanta gente de letras, amantes de la falsa poesía de lo supranatural. Es descorazonador que otro neurocientífico, Matthew Kirkcaldie, de la Universidad de Tasmania -de donde es el demonio- diga esto a De Felipe: "Me encantaría ver una corteza (cerebral) de silicio, pero tengo una creencia profunda e irracional en que hay algo en las neuronas que no podemos capturar con la morfología y la electrofisiología". Menos mal que él mismo admite que esa creencia es irracional... Médico, cúrate a ti mismo. Desde luego que así no hay manera. Ni la habrá.