Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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jueves, 1 de septiembre de 2011

Septiembre. Comienza el curso.

Comienza el curso para los enseñantes, -con algunos días de tranquilo desembarco, sin alumnos-, y debería comenzar para los políticos, pero la última jugada de Zapatero de esa insólita reforma constitucional apenas les ha permitido disfrutar este año de sus merecidas vacaciones. Oigo ya a Francino, tedioso desde su primer día, pero no aun a Federico, que estará afilando sus garras.

Como viene la derecha, y sin que sirva de precedente, vamos a nombrar a otra "chica del mes", además de la de la foto; elegimos para ello a Cospedal, Maricospe. Me parto de risa cuando leo sobre el cabreo de los farmacéuticos castellano-manchegos; ellos -mayoritariamente conservadores y de derechas- seguramente celebraron la victoria del PP en Castilla-La Mancha sin poder adivinar la que se les venía encima. Aviso para navegantes.

viernes, 19 de agosto de 2011

Orgullos

Anoche escuchaba Intereconomía -lo que queda ahora del "Fedeguico Party"-. Los gatoflautas debatían acerca de la visita del Papa Ratzinguer, de los valores de las juventudes papales, y llegaban más lejos, exponiendo su posición personal acerca de la religión; ellos -orgullosos de ser de derechas por definición-, se consideraban también "orgullosos de ser católicos"; alguno se extendía en la consideración de que ser católico es lo contrario de ser "nacionalista", y todos consideraban que ser católico es la única forma de ser "español". A todos les parecía que su postura es la más natural del mundo, y que los jóvenes papales son gloria bendita, sobre todo si se les compara con "indignados", perroflautas y otras tribus. Les comprendía; a todos los tertualianos allí presentes parece haberles ido bien, orgullosos de su derechismo y de su catolicismo, o sea de su españolidad. Para qué cambiar? Para qué ser crítico con lo que ha funcionado toda la vida? Por qué la razón, o el deseo de justicia, han de ser mejor considerados que la fe y la caridad? Y que cosa más natural que eso implique la exclusión, el desprecio, o la aniquilación de quienes no piensen igual? Son irreductibles, son temibles... Son pocos.