En los tiempos de Don Ramón Areces,-q.e.p.d.-, El Corte Inglés era una empresa modélica en la que el cliente siempre tenía razón, y si hacía falta se le devolvía su dinero. Luego se le infiltró el virus funcionarial de las últimas Galerías, a las que absorbió -las de RUMASA y de aquel amigo de Felipón que las compró a precio de saldo- y las cosas han cambiado. Ahora tienen una promoción cruzada con determinadas gasolineras -Repsol, Campsa, Petronor- de forma que si repostas en éstas más de 50 leuros te dan un cupón de 6 leuros para el Corte Inglés y su red, y viceversa, si compras por más de 50 leuros en la Red de Don Isidoro Álvarez te dan un vale del 6% de descuento en las respectivas gasolineras. Pero está la letra pequeña. Hoy he hecho una compra en el Hipercor, y al darme el correspondiente cupón para las gasolineras he recordado que tenía en el parasol del coche 5 0 6 cupones de descuento. He bajado hasta el parking a por ellos, pero me ha sido imposible sacarles partido; que si la compra ha de ser superior a 50 leuros para usarlo, que si es un solo cupón por compra, que si para este artículo no valen los cupones... He gastado más de 200 leuros en compras y he sido incapaz de canjear ni uno solo de los malditos cupones, que permanecen íntegros. Bueno, supongo que no tan íntegros; a estas horas ya estarán contaminados de residuos orgánicos en el cubo de la basura. Perdónenme la frivolidad de este apunte, cuando los temas recomendados para el día por el "Fedeguico Party" son las mollas de Leire -a mi no me acaban de desagradar, que queréis que os diga- y una canción que Serrat y otros de la ceja dedicaron a ZP en los buenos tiempos de la SGAE, y a la que el propio Fedeguico ha dedicado esta mañana más de medio programa suyo. Estoy seguro de que el Fedeguico Party sabrá disculpar esta ruptura de la disciplina del pensamiento único; no servirá de precedente.
Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?
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miércoles, 6 de julio de 2011
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