Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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lunes, 13 de junio de 2011

Gastos municipales, delirios del pueblo

Esta casa de noble fachada fue durante mucho tiempo ayuntamiento de mi pueblino.

Conserva trazas de su esplendor, de cuando sus estancias estaban llenas de camisas azules, viejas y nuevas.

Hoy ha incorporado, de la mano socialista, arquitecturas de diseño, y es museo, recientemente abierto.

"Qué muestra"? os preguntaréis; pues un poco de todo, como en botica.

La maquinaria de la vieja imprenta donde pasé embobado muchas horas de mi infancia,

muebles y objetos del dentista sacamuelas que me enseñó a sufrir el dolor en silencio -qué remedio...-, solo apretando los puños,

el utillaje de un remendón,

el utilitario de un querido practicante,

una cartilla de racionamiento,

una gramola,

silenciosas radios de la modernidad,

televisores apagados,

artesanía popular,

fotos antiguas,

motos antiguas,

coches,

coches antiguos,...

Por allí deambulaba yo perplejo, hasta que el desembarco de una manada de moteros vino a darle un poco de sentido a todo aquello

Moteros y moteras. La entrada es gratuita.