
La pregunta es un simple cotilleo -como la que nos hacíamos no hace mucho sobre si quiso Muñoz a la Pantoja-; la respuesta es hasta más irrelevante, tan irrelevante como la rebelión de Cascos para el liderazgo de Rajoy, inexistente en cualquier caso. Pero yo pienso que no, que no le gusta. Le había tenido que parar los pies cuando Zapatero, simple diputado, quiso investigar la fortuna del Bono. No le apoyó oficialmente en las elecciones a Secretario General del XXXV Congreso Federal -oficialmente prefería al propio Bono, el increíble candidato del aparato, pero se llegó a decir que Zapatero era su "tapado"-. Acogió su victoria con sonrisa displicente, y esa misma sonrisa le ha ido dedicando a lo largo de estos años. Ahora le recuerda que, acerca de seguir o no, él solo puede decidir el "no", que el "sí" es cosa del partido. A él, a Felipe, eso no le pasaba, nadie hubiese osado decirle algo así.