Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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sábado, 8 de enero de 2011

Le gusta Zapatero a Felipe?

La pregunta es un simple cotilleo -como la que nos hacíamos no hace mucho sobre si quiso Muñoz a la Pantoja-; la respuesta es hasta más irrelevante, tan irrelevante como la rebelión de Cascos para el liderazgo de Rajoy, inexistente en cualquier caso. Pero yo pienso que no, que no le gusta. Le había tenido que parar los pies cuando Zapatero, simple diputado, quiso investigar la fortuna del Bono. No le apoyó oficialmente en las elecciones a Secretario General del XXXV Congreso Federal -oficialmente prefería al propio Bono, el increíble candidato del aparato, pero se llegó a decir que Zapatero era su "tapado"-. Acogió su victoria con sonrisa displicente, y esa misma sonrisa le ha ido dedicando a lo largo de estos años. Ahora le recuerda que, acerca de seguir o no, él solo puede decidir el "no", que el "sí" es cosa del partido. A él, a Felipe, eso no le pasaba, nadie hubiese osado decirle algo así.