He aquí el olmo viejo, hendido por el rayo, y en su mitad podrido, que quizás vuelva a rebrotar con las lluvias de abril y el sol de mayo. Cada vez es más difícil eso, pues la grafiosis, de la que hemos hablado en la taberna de ATB dejando la república de lado, ha exterminado a todos los olmos sanos, cuanto más a los viejos y ya enfermos.
Éste, cuyo tronco se ha respetado para recordar lo que fue, se irguió orgulloso durante doscientos años ante la iglesia que ocupa el lugar donde estuvo la casa en la que nació la mística andariega, cuyo brazo incorrupto tanto hizo por todos nosotros.
Extramuros, junto a la Basílica de San Vicente, vemos el tronco también preservado de otro olmo bicentenario; murió en 2008. En las fotos de abajo -de otros archivos- vemos estos mismos árboles aun con ramas, pero probablemente ya cadáveres. Descansen en paz.

