Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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domingo, 24 de abril de 2011

Castillo de Tajarja

En Castillo de Tajarja, pedanía de Chimeneas, a unos 30 Km de la capital hay un pequeño restaurante llamado El Olivo de Miguel y Celia, nombre de la pareja que lo regenta. Él ha trabajado en fogones franceses y andorranos y de ahí el toque peculiar que da a su cocina, transformando los productos del lugar en sabores a “cuisine”.

Tiene una carta primorosamente escrita a mano, pero nadie la lee, pues el propio Miguel con su gorro de cocinero, va a cada mesa, se sienta, y confecciona un menú al gusto de los comensales, que anota con su pluma Montblanc, bien incorporada al paisaje.

Luego Celia va sirviendo los platos con atención y esmero. Hay que reservar con anticipación, pues solo algunos privilegiados tenemos allí siempre un sitio.

Es el mayor atractivo del pueblo, pero no el único; hay bellas vistas sobre la campiña granadina, y una fuente con una estatua de una Afrodita que apenas envidia, por sus formas y hechuras, a la que conocimos no hace mucho en Córdoba.