Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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domingo, 27 de febrero de 2011

Templando gaitas

En El País de ayer la Ministra de la Guerra y candidata a la sucesión, Carme Chacón, dedicaba un entrañable y elogioso artículo a nuestras gloriosas fuerzas armadas. No digo yo que no merezcan elogios, pero no deja de ser curioso que casi todas las loas que hacen presidentes y ministros vayan para esa institución: su profesionalidad, su capacidad de entrega y sacrificio por el bien del país, su modernización, su compromiso con el pueblo y con los valores democráticos, su generosidad humanitaria en conflictos que nos son lejanos... Sin duda merecen reconocimiento, pero nunca he oído a un ministro de sanidad elogiar la entrega del cuerpo de auxiliares de clínica o de celadores, ni a uno de educación reconocer el mérito a maestros que se enfrentan con niños y adolescentes cada vez más mal criados, ni al de fomento darle palmadas en la espalda a los abnegados maquinistas de los trenes de vía estrecha, o al de la presidencia a los carteros. Es que estos grupos -a diferencia de los militares- solo trabajan por la paga? Sin entrega, sin profesionalidad, sin modernización...? Se suponía que en el antiguo régimen y en parte del moderno, el ruido de sables en los cuartos de bandera, hacia conveniente ese verbo untuoso de los políticos para aplacar a la fiera, pero a estas alturas, con la asunción de los valores democráticos y de la supremacía del pueblo, eso ya es innecesario... o no?