
En El País de ayer la Ministra de la Guerra y candidata a la sucesión, Carme Chacón, dedicaba un entrañable y elogioso artículo a nuestras gloriosas fuerzas armadas. No digo yo que no merezcan elogios, pero no deja de ser curioso que casi todas las loas que hacen presidentes y ministros vayan para esa institución: su profesionalidad, su capacidad de entrega y sacrificio por el bien del país, su modernización, su compromiso con el pueblo y con los valores democráticos, su generosidad humanitaria en conflictos que nos son lejanos... Sin duda merecen reconocimiento, pero nunca he oído a un ministro de sanidad elogiar la entrega del cuerpo de auxiliares de clínica o de celadores, ni a uno de educación reconocer el mérito a maestros que se enfrentan con niños y adolescentes cada vez más mal criados, ni al de fomento darle palmadas en la espalda a los abnegados maquinistas de los trenes de vía estrecha, o al de la presidencia a los carteros. Es que estos grupos -a diferencia de los militares- solo trabajan por la paga? Sin entrega, sin profesionalidad, sin modernización...? Se suponía que en el antiguo régimen y en parte del moderno, el ruido de sables en los cuartos de bandera, hacia conveniente ese verbo untuoso de los políticos para aplacar a la fiera, pero a estas alturas, con la asunción de los valores democráticos y de la supremacía del pueblo, eso ya es innecesario... o no?