
Me voy a la ópera. Hoy hay ópera en esta ciudad a la que Don Francisco, el falangista de los galgos, la banca de inversiones en NUEVA RUMASA, los caballos, los toros y el fútbol me condena. No será usted también motero, Don Francisco? No le voy a tomar a mal que me condene a esta ciudad en la que me siento razonablemente feliz; solo le diré que si no me traslado a su Jerez industrial es porque no quiero. Ya hay allí buenos neurólogos, pero le recuerdo que en nuestros tiempos de amistad y diálogo, en la casa de Lázaro, o del de La cueva, -no recuerdo-, me ofrecí a mantener viva y en buena forma a su suegra durante muchos años, que usted parece que quería darle matarile, como ustedes dicen. Esto es ya lo último que le dedico si no me responde; igual usted quiere y Doña Natalia le censura las réplicas; si así fuere, sea valiente y abra tribuna propia, así libera esa mala hostia sin personas interpuestas, o conteste aquí, que no le ha de pasar nada malo. Ainnsss, que mala es la gomina para el pelo, verdad? Pues peor aun es para el cerebro. Dios le guarde, Don Francisco, cuídese.