Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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martes, 28 de junio de 2011

Aynadamar se ha secado


Anoche asistí a la representación de la ópera "Aynadamar", dentro del festival de música y danza que se celebra en mi ciudad. Este evento, -como todos los de este tipo-, más allá de su estricto interés artísitico, es hoguera de las vanidades, a la que acude la "crème" de la sociedad con sus mejores galas. La ópera, del compositor argentino Osvaldo Golijov sobre libreto de Henry Hwang, se estrenaba en España; aborda la relación entre Lorca y Margarita Xirgu, con la figura de Mariana Pineda como nexo común; desde el punto de vista musical es difícil, como toda la ópera contemporánea, y desde el punto de vista plástico es apreciable.

Con todo, lo más llamativo para mí fue la fría acogida que el público le dispensó –aquí, donde se aplaude todo con entusiasmo, y en especial lo “difícil”, para no pasar por catetos-, y la tensión que se palpaba en el auditorio de los jardines del Generalife -a pocos kilómetros del barranco de Víznar- cuando el texto nombraba a Falange como asesina del artista, -cuyo fusilamiento se representa, imaginado por Margarita en la distancia-, o cuando se citaban en off frases del general golpista Queipo de llano, tales como: “Por cada uno que maten, yo mataré diez. Y si se esconden bajo la tierra los desenterraremos, y si están muertos, los mataremos otra vez”. “Vamos a acabar con la semilla revolucionaria hasta en el vientre de sus madres”.
Algunas mujeres enjoyadas criticaban abiertamente que se pusiera a Lorca en el lugar de Jesús en el tercer cuadro, en una especie de “última cena” que Federico, Margarita y Mariana concelebran. Al final, los aplausos –tan tibios- se redoblaron cuando los recogía el cantante que interpretó a Ramón Ruiz Alonso –“Entréguenlo, entréguenlo… al cabezón, es un traidor a España, y es maricón”, había cantado con recio desgarro flamenco-. Menos mal que no encontraron su cadáver cuando le buscaban hace poco, porque si lo encuentran, lo desentierran y lo matan otra vez…



(Las fotos son de El País y de El Ideal de Granada. Estaban prohibidas fotos y filmaciones)