
Bien, Benedicto se nos va. Ya, en Cuatro Vientos -rodeado de su juventud adicta, de reyes, prelados y políticos de todo signo- canta la misa de clausura de las JMJ. Pronto será la hora de desmontar escenarios, altares, torres de sonido y confesionarios de diseño, y los peregrinos se dispersarán con sus corazones henchidos de la sana alegría de la fe y de la esperanza, y ojalá que de alguna cosa más sólida, o reparadora.

Va siendo hora de hacer balance: las JMJ Madrid 2011 han sido un éxito numérico. A pesar de -o precisamente por- el tormentón que azotó anoche Cuatro Vientos -como pasara en aquél mítico concierto de los Rolling Stones, también en Madrid, como si dios hubiese querido competir con su satánica majestad-, la afluencia a la vigilia ha sido masiva, y ha habido que habilitar áreas suplementarias para el reposo y el retoce de los peregrinos.

Pero ahora qué? Saldrán de ahí los 500.000 matrimonios cristianos que Rouco espera? Cuantos niños cristianos nacerán como resultado en los próximos nueve meses? Veremos a partir del lunes seminarios y noviciados de todo el mundo, y en especial de España, llenos de aspirantes a ministros del señor o a alegres monjitas? Y las iglesias? -no los altares de diseño y sus explanadas mediáticas, sino las iglesias mundanas con párrocos mayores, agotados y descreídos-, se llenarán desde ahora cada sábado o domingo de jóvenes sonrientes y cantarines para asistir a la liturgia? Rouco y Ratzinger nos han mostrado su poder de convocatoria; ahora Rouco tiene que sopesar los resultados y contárnoslos. Demostrar que todo esto no ha sido en vano, un mero ejercicio de latría, soberbia y autobombo para nada.

