
Los más viejos del lugar recordarán que se conocía como "Los 40 de Ayete" al Consejo Nacional del Movimiento, organismo consultivo compuesto por 40 procuradores vitalicios nombrados directamente por el caudillo invicto.

Torcuato Fernández-Miranda, franquista brillante y leal, recibió a la muerte de Franco de manos del rei Borbón -designado sucesor por el propio caudillo invicto- el encargo, -por deseo de los mercados-, de hacer de España un país de apariencia democrática, y éste, entre otros logros, consiguió meter al falangista Suárez en la terna para reemplazar a Arias Navarro -"Carnicerito de Málaga"-, y llevar adelante el cambio desde las leyes fundamentales del franquismo a una constitución más o menos democrática, yendo "de la ley a la ley a través de la ley". Entonces los milagros eran posibles, y uno de ellos fue conseguir la autoinmolación de los cuarenta de Ayete, al convencerlos de que aprobaran la Ley de Reforma Política, que acababa de facto con la institución de la que ellos formaban parte.

Cuando creíamos que los milagros estos no eran ya posibles, Rubalcaba recibe el encargo de llevar a la autoinmolación a los 169 diputados socialistas, a los que podemos familiarmente llamar los 169 de Ayete. Esta tarde Alfredo debe convencerles de que no se opongan a los designios de un Zapatero iluminado y voten contra sí mismos y contra su electorado natural, a favor de una reforma constitucional apresurada, oscura y contra natura para un partido de izquierda, y que supondrá de hecho la desaparición del PSOE como partido relevante, haciendo del propio Rubalcaba una especie de Rodríguez-Sahagún en la próxima legislatura, en la que pastoreará a un exiguo grupo de 20 o 30 socialistas residuales en un parlamento totalmente azul. Lo conseguirá? En este sentido será muy interesante seguir el blog del diputado granadino Pérez Tapias, a quien considero lúcido y no exento de pragmatismo, incluso dentro de la contradicción que supone ser socialista y teólogo. Ha dado la cara. Ahora a ver que hace.