La mano de los simios superiores, los primates, entre los que los humanos nos incluimos, es una herramienta muy sofisticada, constituida por músculos gobernados por tres cables o nervios -mediano, cubital y radial- esencialmente los dos primeros, pues los músculos que controla el nervio radial mueven la mano, pero se sitúan más bien en el antebrazo. Las lesiones del nervio cubital afectan especialmente a los pequeños músculos situados entre los huesos metacarpianos -músculos interóseos- y a los que mueven dedo meñique y anular; cuando el nervio cubital se lesiona estos músculos tienden a atrofiarse, y los dedos correspondientes a encogerse, adoptando la mano una postura que se conoce como "mano de predicador", pues es la que adoptan los predicadores al bendecir. Veremos esta mano repetida en estos días que se nos vienen encima. Hagámosle aquí un homenaje puramente laico.

Hay otras manos. Dejémoslas también expresarse.



