
Hace unos días saltó la noticia de que José Antonio Alonso, portavoz del grupo socialista en el Parlamento, había sufrido un ictus. Fue ingresado en el hospital público madrileño Ramón y Cajal, donde fue atendido por los excelentes neurólogos del centro. Luego supimos que parecía completamente recuperado, pero hoy la noticia es mejor,
ni siquiera fue un ictus, sino un cuadro llamado
pseudo-migraña -falsa migraña- con pleocitosis, o HaNDL ("headache, neurological deficit and lymphocitosis",o cefalea, déficit neurológico y linfocitosis), algo que parece un ictus, pero no lo es, y parece una jaqueca o migraña con aura, pero tampoco lo es, y cuando se analiza el líquido cefalorraquídeo parece una meningitis, o una encefalitis, pero tampoco lo es del todo. Sea lo que sea este enigmático proceso, el caso es que se cura solo, y mientras que quien ha tenido un ictus tiene bastantes papeletas para tener otro, quien tiene un HaNDL no suele tener más en su vida y queda siempre sin ninguna secuela. Sufrir un ictus supone tener que hacer un esfuerzo para controlar los eventuales factores de riesgo, tomar ya de por vida determinadas medicinas... tener un HaNDL no supone tener que hacer nada, así que la diferencia no es baladí. Diagnosticar un HaNDL no es fácil, porque es infrecuente y porque para diagnosticar cualquier cosa hay que pensar en ella, de forma que el Sr. Alonso en un centro sin los especialistas apropiados hubiese salido diagnosticado de ictus, con todas sus implicaciones. Hay que felicitarlo. En todos los grandes hospitales de Madrid -por no hablar de Barcelona- hay neurólogos de guardia, y unidad de ictus; en toda Andalucía hay tres hospitales con neurólogo de guardia, y apenas una o dos unidades de ictus. Sin embargo, la mala, la privatizadora, la que se quiere cargar la sanidad pública es Aguirre... Y que conste que a mí -en muchos aspectos- no me gusta Aguirre.
En vez de música, esta vez dejo un
enlace divulgativo, emitido en su día por Punto Radio.