Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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lunes, 23 de mayo de 2011

Almacenes

Como sabe todo el que haya formado parte de una mesa electoral, una vez finalizado el recuento de votos se pasan los resultados a las actas del escrutinio y de la sesión. En ese momento, un representante de la administración toma nota de los resultados y los envía telefónicamente a la junta electoral. Sospecho que son esos los datos con los que se construyen los resultados definitivos oficiales. Pero aun hay que meter actas de constitución de la mesa y de la sesión, acreditaciones de interventores, listas del censo y de personas que han votado, y votos considerados nulos, en sobres ad hoc; con ellos el presidente de la mesa se dirige a los juzgados donde un funcionario los recepciona en nombre del juez. Los sobres rellenos de forma minuciosa son arrojados a un cajón del que nadie los sacará ya nunca, hasta su destrucción una vez hayan pasado los plazos de posibles reclamaciones o alegaciones. Solo son respaldo y garantía de la limpieza y del rigor del proceso. Imagino ahora el almacén donde reposan todos esos sobres y me acuerdo de donde reposó el arca perdida, tan trabajosamente conseguida.

domingo, 8 de mayo de 2011

Jornada electoral

Con todo el ruido y la furia de la campaña electoral en la calle, incrementado por el caso Bildu, me llegó la citación para presidir una mesa electoral. No es la primera vez; en las gloriosas elecciones de 2.000, las de la mayoría absoluta del joven Aznar, ya lo fui. En la reunión preparatoria celebrada en el ayuntamiento del municipio donde entonces residía, el instructor -secretario del ayuntamiento- nos dijo que aquellas serían las últimas elecciones con urnas y papeletas, que para las próximas ya se impondrían los sistemas digitales de votación... Un visionario, sin duda. La experiencia fue interesante, aunque tediosa; eran elecciones generales y andaluzas, tres urnas a escrutar -congreso, senado y parlamento autonómico-, y no terminamos hasta los dos de la madrugada, cuando los resultados definitivos eran ya prácticamente oficiales, con lo que uno tenía la sensación de que aquello no servía ya para nada. Como la diferencia de votos entre las dos principales opciones era aplastante, los interventores de un lado pasaban, y los del otro lado eran generosos; así, si en una papeleta a favor del PSOE el votante había escrito a mano "Cabrones!", el interventor del PP decía con sonrisa malévola: "Nada de voto nulo, se ve a las claras que este ciudadano quería votar al PSOE". Ocurrían las anécdotas que salen en los telediarios: quien llega a votar sin documentación, o con el carnet de su club de caza, que no lleva foto, la abuelita que traen a votar y a la que hay que sacar la urna a la calle, en fin, todo muy entretenido, y además te dan algo más de 60 leuros y varias horas de libranza al día siguiente. Hoy alguien, en una Carta al Director del El País propone que las mesas se compongan con parados, sacados de las listas del INEM, con lo cual los ciudadanos con trabajo no malgastarían el día de descanso y los parados se beneficiarían económicamente, -y no se perderían horas de trabajo al día siguiente, con las libranzas, añado yo-. En fin, se pasará lo mejor que se pueda, y que gane el que dios quiera, porque "mejor" no hay, al menos para la cosa municipal de mi ciudad, que es lo que ahora aquí se dirime.