
Como sabe todo el que haya formado parte de una mesa electoral, una vez finalizado el recuento de votos se pasan los resultados a las actas del escrutinio y de la sesión. En ese momento, un representante de la administración toma nota de los resultados y los envía telefónicamente a la junta electoral. Sospecho que son esos los datos con los que se construyen los resultados definitivos oficiales. Pero aun hay que meter actas de constitución de la mesa y de la sesión, acreditaciones de interventores, listas del censo y de personas que han votado, y votos considerados nulos, en sobres ad hoc; con ellos el presidente de la mesa se dirige a los juzgados donde un funcionario los recepciona en nombre del juez. Los sobres rellenos de forma minuciosa son arrojados a un cajón del que nadie los sacará ya nunca, hasta su destrucción una vez hayan pasado los plazos de posibles reclamaciones o alegaciones. Solo son respaldo y garantía de la limpieza y del rigor del proceso. Imagino ahora el almacén donde reposan todos esos sobres y me acuerdo de donde reposó el arca perdida, tan trabajosamente conseguida.
