Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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sábado, 7 de mayo de 2011

Piedras


¿Construyó estas dos obras el mismo arquitecto,



o había más de uno que sabía ensamblar piedras sin cemento ni argamasa?

Para la edad media se les había olvidado.