Sin juramento me podriais creer que quisiera que este blog, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y, así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno?





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domingo, 19 de junio de 2011

Tres cuartos al pregonero

El País ilustraba ayer con esta foto un reportaje sobre Las Palmas en su suplemento El Viajero, edición papel. No conozco a los chicos que se besan, pero son reconocibles, sobre todo ella.

Él puede ser su novio, o su marido, o no. Puede ser una escapada, para un finde apasionado, mientras su marido, lector de El País, andaba a otra cosa. Se podrá argumentar que en cualquier caso se besan en público, en un lugar público, pero se besan ante los ojos de unas decenas de bañistas más o menos desinteresados, no para los ojos de los miles de lectores de El País en un fin de semana. Quién pagaría las consecuencias?