
Aquí lo tenemos. Nuestro más avezado equipo ha tenido que explorar los subsuelos de la radio para encontrar su actual guarida. Con su pretendido aire de galán hipogonadal y trasnochado, no ha cambiado de formas; este animal pequeño, mezcla de comadreja y de hurón, de boca diminuta y dientes de piraña, no cesa de insultar y de escupir a todo lo que se mueve, –hablándole de "tú", "pero tú que te has creído", "pero tú que dices"- , salvo a Esperanza Aguirre. Se declara “no creyente”, pero ha sido durante años el mamporrero mediático de los obispos, mercenario de Don Rouco. Un desafortunado disparo de unos descerebrados nacionalistas catalanes hizo una “víctima” de quien siempre es verdugo. Fue un estudiante aprovechado, y de hecho recuerda todas las pavadas que memorizó en su infancia –los estilos dórico, jónico y corintio, los afluentes, los tropos,…-. Fue discípulo de Labordeta, y presume de ello, pero bien poco le luce. No sabemos cuales son sus principios, pues aunque su pensamiento es el de la ultraderecha, él lo recicla y lo hace propio, y se considera a sí mismo medida de todas las cosas. Aunque en su juventud fue amigo de conocidos homesexuales –Alberto Cardín, Ocaña,...- ahora es muy homófono –Zerolo es una de sus dianas favoritas-. Llama a las mujeres con apelativos cariñosos en tono despectivo –Trini, Maricospe, Olga "vale ya"...- al tiempo que las insulta, y a todos los árabes o musulmanes llama “moros”, o “moritos” si están relacionados con el 11-M, una de sus obsesiones que mejor rentabiliza. Envidia a Pedro Jota, más alto, y sin frenillo, y se muestra sumiso ante él. Últimamente se dedica a cazar faisanes quiméricos y enfermos, aunque con poco éxito, gracias a dios, y a vender crecepelos, jamones y tazas firmadas, en lo que tampoco parece que le vaya muy bien. Sus días profesionales parecen contados; es especie en vías de extinción. Cuidado con él.






































